Comedores: Limitados por escasez de alimentos, solo cuentan con provisiones para dos semanas más
La situación de los comedores comunitarios en Merlo y otros lugares está alcanzando un punto crítico debido a la discontinuación de la entrega de alimentos secos por parte del Gobierno, como parte de una estrategia para reconfigurar el sistema de asistencia social. Muchos de estos espacios, como el dirigido por Marcela Juárez en Merlo, se han visto obligados a cerrar debido a la falta de recursos para mantener su funcionamiento.
En barrios como Constitución, la demanda en los comedores se ha incrementado significativamente, ya que varios de estos espacios han cerrado, lo que ha generado una sobrecarga en los que aún están en funcionamiento. A pesar de los esfuerzos por administrar los recursos de manera eficiente, muchos de ellos estiman que solo les queda comida para unos pocos días más.
El Gobierno anterior había implementado convenios con algunas organizaciones sociales para proporcionar asistencia alimentaria, pero estos recursos se están agotando rápidamente. Además, se ha señalado que una gran parte de estas organizaciones no rendía cuentas adecuadamente sobre el uso de estos fondos.
Ante esta situación, el nuevo Ministerio de Capital Humano está llevando a cabo una auditoría para evaluar la situación y buscar soluciones. Sin embargo, muchas organizaciones sociales temen que la iniciativa de implementar una tarjeta para la compra de alimentos pueda debilitar aún más su poder y eventualmente marginarlas.
A pesar de los desafíos, los trabajadores de los comedores comunitarios continúan brindando asistencia a quienes lo necesitan, ofreciendo no solo comida, sino también otros servicios como peluquería, apoyo escolar y asesoramiento. Aunque enfrentan dificultades, están comprometidos con su labor y buscan encontrar soluciones para seguir ayudando a sus comunidades.
Sin asistencia
Manitos Unidas, ubicado entre el barrio La Prosperidad y el complejo «Los Privilegiados» en Berazategui, es un merendero que brinda apoyo una vez por semana a la comunidad local. Romina Mereles González lleva un registro detallado de los asistentes y las porciones que reciben, lo que ayuda a planificar las compras y las entregas de manera eficiente. Recientemente, comenzaron a incluir a personas del barrio Marítimo, que se encuentra a unas 30 cuadras de distancia.
La frecuencia de apertura del merendero depende de la recaudación semanal a través de un programa municipal de recolección de materiales reciclables como cartón, vidrio y plástico. El cartón es especialmente valioso, ya que se vende a un precio de 50 pesos por kilo y es fundamental para mantener el funcionamiento del merendero. Aunque no siempre pueden abrir regularmente, cada una de las voluntarias contribuye económicamente para garantizar que puedan continuar brindando ayuda a la comunidad.
Las encargadas del merendero, que son militantes del Movimiento Evita, niegan las acusaciones de otras organizaciones sociales sobre supuestos privilegios recibidos en el pasado debido a sus conexiones políticas. Afirman que han estado operando de manera autosuficiente durante más de un año y medio, apoyándose en el negocio del cartón y la solidaridad de los comercios locales. Sin embargo, consideran que dadas las dificultades actuales, puede ser necesario solicitar ayuda al municipio para poder seguir operando de manera sostenible.
