Qué es la activación dinámica que podría ‘encender’ la falla de San Andrés desde miles de kilómetros
Científicos explican cómo terremotos lejanos podrían desencadenar movimientos en la falla californiana mediante ondas sísmicas.
La falla de San Andrés, una de las zonas sísmicas más monitoreadas del mundo, enfrenta actualmente su mayor tensión acumulada en los últimos mil años, lo que ha reavivado las alertas sobre el temido ‘Big One’, un megaterremoto de magnitud superior a 7 que podría devastar California. En este contexto, los científicos advierten sobre un fenómeno poco conocido pero potencialmente peligroso: la activación dinámica.
La activación dinámica es un proceso mediante el cual las ondas sísmicas generadas por un terremoto en una región lejana pueden desencadenar movimientos en fallas ubicadas a miles de kilómetros de distancia. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), este fenómeno ocurre cuando las ondas sísmicas que viajan a través de la corteza terrestre alteran temporalmente el estado de tensión en otras zonas de falla, pudiendo provocar temblores secundarios o incluso sismos mayores si las condiciones son propicias.
De acuerdo a lo informado por diversos medios especializados, la falla de San Andrés se encuentra en un estado crítico de acumulación de energía, producto del desplazamiento constante entre las placas tectónicas del Pacífico y Norteamericana. Este sistema de fallas, que recorre aproximadamente 1.300 kilómetros a lo largo de California, no ha experimentado un terremoto de gran magnitud en más de un siglo en algunos de sus segmentos más peligrosos.
El USGS ha explicado que aunque la activación dinámica es un fenómeno documentado científicamente, resulta extremadamente difícil predecir cuándo o si un terremoto distante podría desencadenar movimientos significativos en San Andrés. Los expertos señalan que se requiere una combinación específica de factores: una falla ya sometida a alta tensión, ondas sísmicas de suficiente intensidad y una trayectoria que amplifique su efecto.
La preocupación científica se centra en que California no ha experimentado el esperado ‘Big One’ en décadas, mientras la energía continúa acumulándose. Los sismólogos mantienen sistemas de monitoreo permanente y recomiendan a la población estar preparada ante la posibilidad de un evento sísmico mayor, aunque reconocen que la ciencia actual no permite determinar con precisión cuándo ocurrirá.
