Récord histórico de nieve en la Cordillera de los Andes: superó los 10 mil kilómetros cuadrados en agosto
La ladera occidental de la cordillera alcanzó en agosto una cobertura récord que beneficiará los recursos hídricos de Argentina y Chile.
La ladera occidental de la Cordillera de los Andes registró en agosto pasado un récord histórico de cobertura de nieve, superando los 10 mil kilómetros cuadrados. Este fenómeno extraordinario marca uno de los mayores registros de precipitaciones nivales en la región montañosa que comparten Argentina y Chile.
El récord se produce en un contexto de variabilidad climática que ha generado condiciones excepcionales en la alta montaña durante el invierno austral. La extensa cobertura de nieve no solo representa un hito meteorológico, sino que también tiene implicancias directas para los recursos hídricos de ambos países, dado que el deshielo de estas masas será fundamental para el abastecimiento de agua en las regiones áridas y semiáridas a ambos lados de la cordillera.
Los especialistas en meteorología y glaciología consideran que esta acumulación récord podría beneficiar significativamente a las cuencas hídricas que dependen del deshielo cordillerano, especialmente en las provincias argentinas de Mendoza, San Juan y La Rioja, donde la agricultura y el consumo humano dependen críticamente de estos recursos.
La Cordillera de los Andes actúa como una reserva natural de agua para millones de personas. En años de abundantes nevadas como el actual, los embalses y sistemas de riego pueden recibir un aporte extraordinario durante la primavera y el verano, cuando las temperaturas más cálidas provocan el derretimiento gradual de la nieve acumulada.
Este récord contrasta con temporadas anteriores en las que la escasez de precipitaciones nivales generó preocupación por la disponibilidad hídrica en la región. Los datos de agosto reflejan un escenario positivo que podría aliviar las tensiones sobre los recursos hídricos compartidos y fortalecer las actividades económicas vinculadas al agua en ambos lados de la frontera.
El monitoreo satelital y las mediciones in situ permitieron confirmar la magnitud histórica de este evento, que será objeto de análisis científico en los próximos meses para comprender mejor sus causas y proyectar sus efectos a mediano plazo.
